domingo, 27 de febrero de 2011

Sobre deseos alcanzables e inalcanzables

No debe usted entregarse a deseos en los que no cree. Tiene usted que abandonarlos o desearlos de verdad y por entero. Cuando llegue usted a pedir llevando en sí la plena seguridad de lograr su deseo, la demanda y la satisfacción coincidirán en un solo instante. Pero usted desea y se reprocha, temeroso, sus deseos. Tiene usted que dominar todo eso. Voy a contarle una conseja:


Y me contó la historia de un muchacho enamorado de una estrella. Adoraba a su estrella junto al mar, tendía sus brazos hacia ella, soñaba con ella y le dirigía todos sus pensamientos. Pero sabía, o creía saber, que una estrella no puede ser abrazada por un ser humano. Creía que su destino era amar a una estrella sin esperanza; y sobre esta idea construyó todo un poema vital de renuncia y de sufrimiento silencioso y fiel que habría de purificarle y perfeccionarle. Todos sus sueños se concentraban en la estrella. Una noche estaba de nuevo junto al mar, sobre un acantilado, contemplando SU estrella y ardiendo de amor hacia ella. En el momento de mayor pasión dio unos pasos hacia adelante y se lanzó al vacío, a su encuentro. Pero en el instante de tirarse pensó que era imposible y cayó a la plaza destrozado. No había sabido amar (desear). Si en el momento de lanzarse hubiera tenido la fuerza de creer firmemente en la realización de su amor, hubiese volado hacia arriba a reunirse con su estrella.






El amor no se debe pedir, ni exigir tampoco. Ha de tener la fuerza de llegar en sí mismo a la certeza, y entonces atrae ya en lugar de ser extraído.

Extracto de Demian de Herman Hesse



martes, 21 de diciembre de 2010

Hablando de gatos

"...cuando estaba en segundo de primaria, tenía un precioso gatito tricolor de unos seis meses. Una tarde, mientras yo estaba leyendo en el porche, empezó a pegar brincos, terriblemente excitado, al pie de un gran pino que crecía en el jardín. Los gatos suelen hacerlo, ¿verdad? Aunque no pase nada. Bufan, arquean el lomo, erizan el pelo, se ponen en posición de ataque con el rabo tieso.
El gato estaba tan excitado que ni se daba cuenta de que yo lo estaba mirando desde el porche. Era una escena tan extraña que dejé el libro y me lo quedé observando. Parecía que quisiera proseguir eternamente aquel juego solitario. De hecho, conforme pasaba el tiempo, más en serio parecía tomárselo. Como si estuviera poseído. Cuanto más lo miraba, más miedo me entraba. Se me ocurrió que, tal vez, el gato estuviera viendo algo que yo no podía ver, que eso era lo que lo agitaba de aquel modo. Poco después empezó a dar vueltas alrededor del árbol. Con una energía inusitada, como el tigre que se convierte en mantequilla del cuento ilustrado. Tras seguir así durante un tiempo, comenzó a trepar por el tronco del árbol. Ví su carita atisbando entre las ramas, allá arriba. Desde el porche, lo llamé en voz alta. Pero no pareció oírme.





Pronto anocheció y empezó a soplar el viento frío de finales de otoño. Sentada en el porche, espera a que bajase del árbol. Era un gatito muy sociable y pensé que, si yo permanecía allí, el bajaría enseguida. Pero no lo hizo. Tampoco lo oí maullar. Oscurecía deprisa. Me entró miedo y fui a avisar dentro de la casa. Todos me dijeron: '¡Déjalo! ¡Bajará pronto!'. Pero el gato jamás volvió.
El gato desapareció. Como el humo. Todos me dijeron que, durante la noche, habría bajado del árbol y se habría ido a jugar a alguna parte. Que los gatos, cuando se excitan, suben a lugares altos, pero que, una vez arriba, cuando miran hacia abajo, les entra miedo y ya no pueden bajar. Que pasa a menudo. Pero que si mi gatito aún estuviera arriba, maullaría desesperado para aviásemos de que se encontraba allí. Eso me dijeron. Pero yo no me lo creí. Pensaba que el gato debía estar aferrado a una rama, tan aterrorizado que ni le salía la voz. Por eso, cuando volvía de la escuela, me sentaba en el porche, alzaba la mirada hacia el pino y lo llamaba de vez en cuando en voz alta. Pero nunca respondió. Una semana después desistí. Quería a mi gatito y me entristeció mucho lo sucedido. Cada vez que miraba el pino me imaginaba al infeliz gatito aferrado aún a las ramas altas, rígido, muerto. Mi gatito no había ido a ninguna parte, sino que había ido languideciendo allí arriba, hambriento y reseco.
Desde aquel día, jamás he tenido otro gato. Me siguen gustando. Pero entonces decidí que aquel pobre gatito que había subido al árbol y que no había regresado jamás sería mi único gato. Olvidarlo y querer a otro era algo que yo no podía hacer."

Extracto de Sputnik, mi amor de Haruki Murakami



domingo, 28 de noviembre de 2010

De querer y ser querido en cautiverio

Hablemos de jaulas invisibles. Creemos que vivimos en un mundo lleno de hechos objetivos y verificables, que todas las acciones que tomamos son la decisión mas obvia a lo que sin duda alguna está sucediendo afuera de nosotros.
Pero una verdad es que no es así, ante lo que sucede allá afuera (y acá adentro) hay mil y un formas de percibirlo y otras mil y un formas de reaccionar. Y otra verdad es que, aunque no nos demos cuenta (y especialmente si no nos damos cuenta), solo tenemos la posibilidad de percibirlo de unas pocas formas y de reaccionar de unas pocas menos.
Me parece que es muy similar a vivir dentro de una jaula invisible, una jaula que limita enormemente nuestra perspectiva y nuestras posibilidades de movimiento. Lo gracioso es que como es invisible no la vemos. ¿Pero acaso no sería suficiente con caminar un poco para encontrar las paredes y conocer la existencia de la jaula por muy invisible que sea?... creo que así es, me parece que basta con intentar cambiar la forma de percibir y actuar para darnos cuenta que simplemente no podemos hacerlo... nuestra jaula nos detiene.
¿Por que ignoramos entonces la presencia de nuestra jaula solo porque sus paredes son invisibles?... en estos días creo que es porque saber de ella es muy doloroso. Es mas fácil creer que somos libres, que tenemos la libertad y que con ella elegimos caminar solo en el pequeño espacio que queda antes de tocar las paredes invisibles. Especialmente doloroso cuando recordamos que nosotros mismos erigimos las paredes, sus limites y dimensiones. Mas doloroso aun cuando recordamos que lo hicimos por miedo a lo que había allá afuera.
¿Como querer y ser querido desde dentro de jaulas separadas?, ¿es suficiente con compartir una pared de diferentes jaulas y colocar una palma frente a otra?, ¿como salir y tomarse de la mano cuando aterra la posibilidad de estar fuera de la propia jaula?, ¿como no estar aterrado cuando se sabe que afuera todo es posible?... ¿como salir cuando en el terror nos convencemos de que no conocemos la salida?.







domingo, 7 de noviembre de 2010

Esta mañana te veo en el espejo


Esta mañana te veo en el espejo mientras ahí te miras,
pareces una persona totalmente distinta,
y sin embargo no puedo ver nada distinto ahí.
Cada día me sorprendes haciendo cosas de las q no te creía capaz,
(¡Por Dios!, ¿ves lo que estás haciendo ahorita?)
pensando imágenes y pensamientos distintos y nuevos,
observando emociones de extrañas intensidades...
¿te acuerdas que habías prometido ser diferente?,
¿o fui yo quien te hizo prometer?, ¿o yo soy las promesas?
Duele incluso escribir estas palabras,
Puedo imaginar mil y un castigos para ti y eso duele...
Pero, ¿quien puede castigarte si no lo hago yo?
¿quien luchará por códigos que ya solo yo persigo?
Antiguos códigos que me has ido enseñando a despreciar,
No, no despreciar sino transformar,
Como pétalos de rosa que se desprenden con bello aroma,
para dar lugar a nuevas flores...
nuevos códigos que siempre han estado ahí,
los verdaderos códigos, ni antiguos ni nuevos.
Duele verte luchar e intentar quitarte esa vieja armadura,
¡esa armadura de la que te sentías (¿te sientes?) tan orgulloso!
Duele verte atorado a medio cambio,
atorado con piezas que aún no sabes como quitarte.
¿Y quien soy yo si al volver a mirar en el espejo solo te veo a ti?
¿Quien soy yo?, ¿soy tú o esa armadura que luchas por quitarte?
¿o será acaso que simplemente no soy?

jueves, 16 de septiembre de 2010

Ser como el río que fluye

Ser como el río que fluye
Silencioso dentro de la noche.
No temer las tinieblas de la noche.
Si hay estrellas en el cielo, reflejarlas.
Y si los cielos se cubren de nubes,
Como el río, las nubes son agua,
Reflejarlas también sin amargura
En las profundidades tranquilas.
Manuel Bandeira

A partir de hoy, y sólo por hoy, aunque procure volver a hacerlo en cada hoy que es siempre, decido renunciar a todo aquello que no tuve, que no tengo y que no tendré... renuncio a todo aquello que no experimenté, que no estoy experimentando y a todo lo que no experimentaré. Dejo ir todo aquello que no forma parte de mi historia... sea cual sea la razón por la que no entró a formar parte de su guión.
Por otra parte, también decido aceptar con gozosos brazos abiertos todo aquello que sí tuve, que tengo y que tendré... recibo con todo mi corazón aquellas experiencias que he vivido, que estoy viviendo y que viviré. Agradezco y acepto como perfectas todas las situaciones que han formado parte de mi vida, que la conforman hoy y que llegarán a ella en todos los mañanas que serán hoy.
¿Es esto conformismo?... sí así es entonces sí, me conformo, me conformo con esta vida que es perfecta porque confío en la infinita capacidad de mi espíritu y la vida para construir el mejor camino que puedo seguir... porque confío en la capacidad de mi corazón para iluminar mi paso por este camino: MÍ propio camino con corazón... y probablemente más que camino sea más bien un río, un río que a la vez es mi ruta y yo mismo. Dejo ir y me dejo ir en una barca que también soy yo, una barca en cuyo mástil tengo una papeleta que me recuerda cinco acuerdos y cinco principios.