Hoy fui testigo de dos extremos. Mientras escuchaba una guía de meditación que me instaba a cesar la identificación con mi cuerpo, mis sensaciones, mis emociones y mi pensamiento; veía un anuncio espectacular que me sugería lo contrario: '¡Tu eres lo que manejas!'... identificarme con la marca y las características del auto que poseo y manejo.
Pienso que en esta época es muy fácil identificarse con cosas como el tipo de ropa que se usa, lo que uno estudia, la música que tenemos en el iPod o en la colección de CDs... el coche que traemos o lo que colocamos en el muro de una red social.
¿Que pasaría si decidimos darnos cuenta que no somos lo que manejamos, ni lo que escuchamos, ni lo que leemos, no lo que vestimos o comemos? ¿que no somos nuestro trabajo, nuestros títulos o la pareja que tenemos?... creo que es fácil darnos cuenta que no somos diferentes si cambiamos los rines de nuestro auto, pero: si es obvio que no somos nuestro coche o nuestra ropa... ¿por que habríamos de ser nuestro cuerpo o nuestras emociones?, ¿por que seríamos nuestros pensamientos?... ¿Quien somos?, ¿que queda?
lunes, 9 de mayo de 2011
martes, 3 de mayo de 2011
Sobre querer conocer dentro de un túnel
¡La hora del encuentro había llegado! Pero ¿realmente los pasadizos se habían unido y nuestras almas se habían comunicado? ¡Qué estúpida ilusión mía había sido todo esto! No, los pasadizos seguían paralelos como antes, aunque ahora el muro que los separaba fuera como un muro de vidrio y yo pudiese verla a María como una figura silenciosa e intocable... No, ni siquiera ese muro era siempre así: a veces volvía a ser de piedra negra y entonces yo no sabía qué pasaba del otro lado, qué era de ella en esos intervalos anónimos, qué extraños sucesos acontecían; y hasta pensaba que en esos momentos su rostro cambiaba y que una mueca de burla lo deformaba y que quizá había risas cruzadas con otro y que toda la historia de los pasadizos era una ridícula invención o creencia mía y que en todo caso había un solo túnel, oscuro y solitario: el mío, el túnel en que había transcurrido mi infancia, mi juventud, toda mi vida.
(El túnel - Ernesto Sabato)
(El túnel - Ernesto Sabato)
domingo, 27 de febrero de 2011
Sobre deseos alcanzables e inalcanzables
No debe usted entregarse a deseos en los que no cree. Tiene usted que abandonarlos o desearlos de verdad y por entero. Cuando llegue usted a pedir llevando en sí la plena seguridad de lograr su deseo, la demanda y la satisfacción coincidirán en un solo instante. Pero usted desea y se reprocha, temeroso, sus deseos. Tiene usted que dominar todo eso. Voy a contarle una conseja:
Y me contó la historia de un muchacho enamorado de una estrella. Adoraba a su estrella junto al mar, tendía sus brazos hacia ella, soñaba con ella y le dirigía todos sus pensamientos. Pero sabía, o creía saber, que una estrella no puede ser abrazada por un ser humano. Creía que su destino era amar a una estrella sin esperanza; y sobre esta idea construyó todo un poema vital de renuncia y de sufrimiento silencioso y fiel que habría de purificarle y perfeccionarle. Todos sus sueños se concentraban en la estrella. Una noche estaba de nuevo junto al mar, sobre un acantilado, contemplando SU estrella y ardiendo de amor hacia ella. En el momento de mayor pasión dio unos pasos hacia adelante y se lanzó al vacío, a su encuentro. Pero en el instante de tirarse pensó que era imposible y cayó a la plaza destrozado. No había sabido amar (desear). Si en el momento de lanzarse hubiera tenido la fuerza de creer firmemente en la realización de su amor, hubiese volado hacia arriba a reunirse con su estrella.

El amor no se debe pedir, ni exigir tampoco. Ha de tener la fuerza de llegar en sí mismo a la certeza, y entonces atrae ya en lugar de ser extraído.
Extracto de Demian de Herman Hesse
Y me contó la historia de un muchacho enamorado de una estrella. Adoraba a su estrella junto al mar, tendía sus brazos hacia ella, soñaba con ella y le dirigía todos sus pensamientos. Pero sabía, o creía saber, que una estrella no puede ser abrazada por un ser humano. Creía que su destino era amar a una estrella sin esperanza; y sobre esta idea construyó todo un poema vital de renuncia y de sufrimiento silencioso y fiel que habría de purificarle y perfeccionarle. Todos sus sueños se concentraban en la estrella. Una noche estaba de nuevo junto al mar, sobre un acantilado, contemplando SU estrella y ardiendo de amor hacia ella. En el momento de mayor pasión dio unos pasos hacia adelante y se lanzó al vacío, a su encuentro. Pero en el instante de tirarse pensó que era imposible y cayó a la plaza destrozado. No había sabido amar (desear). Si en el momento de lanzarse hubiera tenido la fuerza de creer firmemente en la realización de su amor, hubiese volado hacia arriba a reunirse con su estrella.
El amor no se debe pedir, ni exigir tampoco. Ha de tener la fuerza de llegar en sí mismo a la certeza, y entonces atrae ya en lugar de ser extraído.
Extracto de Demian de Herman Hesse
martes, 21 de diciembre de 2010
Hablando de gatos
"...cuando estaba en segundo de primaria, tenía un precioso gatito tricolor de unos seis meses. Una tarde, mientras yo estaba leyendo en el porche, empezó a pegar brincos, terriblemente excitado, al pie de un gran pino que crecía en el jardín. Los gatos suelen hacerlo, ¿verdad? Aunque no pase nada. Bufan, arquean el lomo, erizan el pelo, se ponen en posición de ataque con el rabo tieso.
El gato estaba tan excitado que ni se daba cuenta de que yo lo estaba mirando desde el porche. Era una escena tan extraña que dejé el libro y me lo quedé observando. Parecía que quisiera proseguir eternamente aquel juego solitario. De hecho, conforme pasaba el tiempo, más en serio parecía tomárselo. Como si estuviera poseído. Cuanto más lo miraba, más miedo me entraba. Se me ocurrió que, tal vez, el gato estuviera viendo algo que yo no podía ver, que eso era lo que lo agitaba de aquel modo. Poco después empezó a dar vueltas alrededor del árbol. Con una energía inusitada, como el tigre que se convierte en mantequilla del cuento ilustrado. Tras seguir así durante un tiempo, comenzó a trepar por el tronco del árbol. Ví su carita atisbando entre las ramas, allá arriba. Desde el porche, lo llamé en voz alta. Pero no pareció oírme.

Pronto anocheció y empezó a soplar el viento frío de finales de otoño. Sentada en el porche, espera a que bajase del árbol. Era un gatito muy sociable y pensé que, si yo permanecía allí, el bajaría enseguida. Pero no lo hizo. Tampoco lo oí maullar. Oscurecía deprisa. Me entró miedo y fui a avisar dentro de la casa. Todos me dijeron: '¡Déjalo! ¡Bajará pronto!'. Pero el gato jamás volvió.
El gato desapareció. Como el humo. Todos me dijeron que, durante la noche, habría bajado del árbol y se habría ido a jugar a alguna parte. Que los gatos, cuando se excitan, suben a lugares altos, pero que, una vez arriba, cuando miran hacia abajo, les entra miedo y ya no pueden bajar. Que pasa a menudo. Pero que si mi gatito aún estuviera arriba, maullaría desesperado para aviásemos de que se encontraba allí. Eso me dijeron. Pero yo no me lo creí. Pensaba que el gato debía estar aferrado a una rama, tan aterrorizado que ni le salía la voz. Por eso, cuando volvía de la escuela, me sentaba en el porche, alzaba la mirada hacia el pino y lo llamaba de vez en cuando en voz alta. Pero nunca respondió. Una semana después desistí. Quería a mi gatito y me entristeció mucho lo sucedido. Cada vez que miraba el pino me imaginaba al infeliz gatito aferrado aún a las ramas altas, rígido, muerto. Mi gatito no había ido a ninguna parte, sino que había ido languideciendo allí arriba, hambriento y reseco.
Desde aquel día, jamás he tenido otro gato. Me siguen gustando. Pero entonces decidí que aquel pobre gatito que había subido al árbol y que no había regresado jamás sería mi único gato. Olvidarlo y querer a otro era algo que yo no podía hacer."
Extracto de Sputnik, mi amor de Haruki Murakami
El gato estaba tan excitado que ni se daba cuenta de que yo lo estaba mirando desde el porche. Era una escena tan extraña que dejé el libro y me lo quedé observando. Parecía que quisiera proseguir eternamente aquel juego solitario. De hecho, conforme pasaba el tiempo, más en serio parecía tomárselo. Como si estuviera poseído. Cuanto más lo miraba, más miedo me entraba. Se me ocurrió que, tal vez, el gato estuviera viendo algo que yo no podía ver, que eso era lo que lo agitaba de aquel modo. Poco después empezó a dar vueltas alrededor del árbol. Con una energía inusitada, como el tigre que se convierte en mantequilla del cuento ilustrado. Tras seguir así durante un tiempo, comenzó a trepar por el tronco del árbol. Ví su carita atisbando entre las ramas, allá arriba. Desde el porche, lo llamé en voz alta. Pero no pareció oírme.
Pronto anocheció y empezó a soplar el viento frío de finales de otoño. Sentada en el porche, espera a que bajase del árbol. Era un gatito muy sociable y pensé que, si yo permanecía allí, el bajaría enseguida. Pero no lo hizo. Tampoco lo oí maullar. Oscurecía deprisa. Me entró miedo y fui a avisar dentro de la casa. Todos me dijeron: '¡Déjalo! ¡Bajará pronto!'. Pero el gato jamás volvió.
El gato desapareció. Como el humo. Todos me dijeron que, durante la noche, habría bajado del árbol y se habría ido a jugar a alguna parte. Que los gatos, cuando se excitan, suben a lugares altos, pero que, una vez arriba, cuando miran hacia abajo, les entra miedo y ya no pueden bajar. Que pasa a menudo. Pero que si mi gatito aún estuviera arriba, maullaría desesperado para aviásemos de que se encontraba allí. Eso me dijeron. Pero yo no me lo creí. Pensaba que el gato debía estar aferrado a una rama, tan aterrorizado que ni le salía la voz. Por eso, cuando volvía de la escuela, me sentaba en el porche, alzaba la mirada hacia el pino y lo llamaba de vez en cuando en voz alta. Pero nunca respondió. Una semana después desistí. Quería a mi gatito y me entristeció mucho lo sucedido. Cada vez que miraba el pino me imaginaba al infeliz gatito aferrado aún a las ramas altas, rígido, muerto. Mi gatito no había ido a ninguna parte, sino que había ido languideciendo allí arriba, hambriento y reseco.
Desde aquel día, jamás he tenido otro gato. Me siguen gustando. Pero entonces decidí que aquel pobre gatito que había subido al árbol y que no había regresado jamás sería mi único gato. Olvidarlo y querer a otro era algo que yo no podía hacer."
Extracto de Sputnik, mi amor de Haruki Murakami
domingo, 28 de noviembre de 2010
De querer y ser querido en cautiverio
Hablemos de jaulas invisibles. Creemos que vivimos en un mundo lleno de hechos objetivos y verificables, que todas las acciones que tomamos son la decisión mas obvia a lo que sin duda alguna está sucediendo afuera de nosotros.
Pero una verdad es que no es así, ante lo que sucede allá afuera (y acá adentro) hay mil y un formas de percibirlo y otras mil y un formas de reaccionar. Y otra verdad es que, aunque no nos demos cuenta (y especialmente si no nos damos cuenta), solo tenemos la posibilidad de percibirlo de unas pocas formas y de reaccionar de unas pocas menos.
Me parece que es muy similar a vivir dentro de una jaula invisible, una jaula que limita enormemente nuestra perspectiva y nuestras posibilidades de movimiento. Lo gracioso es que como es invisible no la vemos. ¿Pero acaso no sería suficiente con caminar un poco para encontrar las paredes y conocer la existencia de la jaula por muy invisible que sea?... creo que así es, me parece que basta con intentar cambiar la forma de percibir y actuar para darnos cuenta que simplemente no podemos hacerlo... nuestra jaula nos detiene.
¿Por que ignoramos entonces la presencia de nuestra jaula solo porque sus paredes son invisibles?... en estos días creo que es porque saber de ella es muy doloroso. Es mas fácil creer que somos libres, que tenemos la libertad y que con ella elegimos caminar solo en el pequeño espacio que queda antes de tocar las paredes invisibles. Especialmente doloroso cuando recordamos que nosotros mismos erigimos las paredes, sus limites y dimensiones. Mas doloroso aun cuando recordamos que lo hicimos por miedo a lo que había allá afuera.
¿Como querer y ser querido desde dentro de jaulas separadas?, ¿es suficiente con compartir una pared de diferentes jaulas y colocar una palma frente a otra?, ¿como salir y tomarse de la mano cuando aterra la posibilidad de estar fuera de la propia jaula?, ¿como no estar aterrado cuando se sabe que afuera todo es posible?... ¿como salir cuando en el terror nos convencemos de que no conocemos la salida?.

Pero una verdad es que no es así, ante lo que sucede allá afuera (y acá adentro) hay mil y un formas de percibirlo y otras mil y un formas de reaccionar. Y otra verdad es que, aunque no nos demos cuenta (y especialmente si no nos damos cuenta), solo tenemos la posibilidad de percibirlo de unas pocas formas y de reaccionar de unas pocas menos.
Me parece que es muy similar a vivir dentro de una jaula invisible, una jaula que limita enormemente nuestra perspectiva y nuestras posibilidades de movimiento. Lo gracioso es que como es invisible no la vemos. ¿Pero acaso no sería suficiente con caminar un poco para encontrar las paredes y conocer la existencia de la jaula por muy invisible que sea?... creo que así es, me parece que basta con intentar cambiar la forma de percibir y actuar para darnos cuenta que simplemente no podemos hacerlo... nuestra jaula nos detiene.
¿Por que ignoramos entonces la presencia de nuestra jaula solo porque sus paredes son invisibles?... en estos días creo que es porque saber de ella es muy doloroso. Es mas fácil creer que somos libres, que tenemos la libertad y que con ella elegimos caminar solo en el pequeño espacio que queda antes de tocar las paredes invisibles. Especialmente doloroso cuando recordamos que nosotros mismos erigimos las paredes, sus limites y dimensiones. Mas doloroso aun cuando recordamos que lo hicimos por miedo a lo que había allá afuera.
¿Como querer y ser querido desde dentro de jaulas separadas?, ¿es suficiente con compartir una pared de diferentes jaulas y colocar una palma frente a otra?, ¿como salir y tomarse de la mano cuando aterra la posibilidad de estar fuera de la propia jaula?, ¿como no estar aterrado cuando se sabe que afuera todo es posible?... ¿como salir cuando en el terror nos convencemos de que no conocemos la salida?.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)