domingo, 29 de abril de 2012

Sobre las razones para querer, quererse y ser querido

Dijo Konrad Lorenz:

"El hecho simple de que mi perro me quiere más que yo a él constituye una realidad tan innegable que, cada vez que pienso en ella, me avergüenzo".

Una frase sin duda interesante, pero al leerla por primera vez me sucedió algo más interesante, porque en vez de leerla tal como es, algo en mí la modificó y en su lugar leí:

"El hecho simple de que mi perro me quiere más que yo [A MI MISMO] constituye una realidad tan innegable que, cada vez que pienso en ella, me avergüenzo".
(modificada por fantasmas interiores a partir de la frase de Konrad Lorenz)

Y esa frase sí que me cimbró completamente. ¿Qué pasaría si lográramos querernos a nosotros mismos tal y como nos quieren nuestras mascotas?, ¿acaso nos exigen muchas razones para proferirnos ese intenso amor?, ¿nos es verdad que las condiciones que nos ponemos para autoestimarnos son ridículas y exageradas, usureras, a comparación de las suyas para emocionarse cada vez que nos ven regresar o poner croquetas en sus platos?
No me parece nada difícil imaginar que un gato se quiere a si mismo exactamente con la misma intensidad e incondicionalidad... veo ahí a unos grandes maestros de vida.




lunes, 9 de abril de 2012

Sobre la sensualidad y los gatos

EL GATO
Charles Baudelaire

Ven, mi bello gato, a mi corazón amoroso;
Recoge las uñas de tus patas,
Y deja que me hunda en tus bellos ojos,
Mezcla de metal y de ágata.

Cuando mis dedos acarician sin prisa
Tu cabeza y tu elástico lomo,
Y mi mano se embriaga con el placer
De palpar tu eléctrico cuerpo,

Veo a mi mujer con la imaginación. Su mirada,
Como la tuya, amable animal,
Profunda y fría, corta y hiere como un dardo,

Y de los pies a la cabeza,
Un aire sutil, un peligroso perfume
Flotan en torno a su cuerpo moreno.


sábado, 31 de diciembre de 2011

Meditaciones sobre una meditación

He estado escuchando las palabras de una grabación de meditación guiada... la voz de la meditación me dice, me recuerda, me invita a decirme:

Yo tengo un cuerpo... pero yo no soy mi cuerpo.
Yo tengo sensaciones y emociones... pero yo no soy mis sensaciones ni mis emociones.
Yo tengo pensamientos... pero yo no soy mis pensamientos.
Puedo ver a mi cuerpo, a mis sensaciones y emociones, a mis pensamientos, como nubes que recorren el cielo.
¿Quien soy yo?... soy lo que queda. Soy un centro de atención consciente, un testigo sin periferia.

Después de meditar pienso:

Tengo emociones y pensamientos que duelen. Tengo dolor... pero no soy el dolor. Si no soy el dolor quizá pueda aprender a tolerarlo... a ver que cosas tiene para enseñarme. Al final el dolor es parte de la realidad y parte de mi.