jueves, 15 de septiembre de 2011

Sobre la capacidad para tolerar el sufrimiento.

Un pensamiento que me ocurrió y anoto para no olvidar...
Esconder las cosas debajo de la cama te quita el acceso a ellas; entre más sean los aspectos de la realidad a los que tienes acceso, mayores tus probabilidades de obtener lo que quieras de ella. Sin embargo, nunca vas a poder controlarla ni conseguir todo lo que quieres de ella, y eso duele. Por tanto, entre más dolor seas capaz de tolerar mayores las satisfacciones que puedes obtener.
¿Qué implica tolerar el dolor y el sufrimiento?... aquí y ahora pienso que es: darse cuenta que todo dolor y sufrimiento surge del miedo a morir, a dejar de existir. Tolerarlo implica reconocer el miedo y descubrir que si se siente es porque aún no se ha muerto. Que la muerte es inevitable, pero sobre todo ¡que aún no nos ha llegado¡... hacer de la muerte y su inminencia a nuestro más poderoso aliado, tal y como lo recomendara a Castaneda el sabio Don Juan.

martes, 16 de agosto de 2011

De estructuras limítrofes... o sobre construir en el vacío.

Es un hecho poco sabido, aunque sospechado por casi todos, que no todas nuestras construcciones son iguales ni están construidas sobre las mismas bases. Cuando venimos al mundo, a todos nos es designada una porción del mundo sobre la cual podemos construir los edificios de nuestras vidas; pero no todas estas porciones de mundo son iguales, la porción de cada uno es diferente en muchos aspectos... la cosa es que la porción que (nos) a tocado a algunos no es un terreno firme, ni siquiera continuo, sino que más bien es un poco de tierra con un gran agujero en el centro. Un agujero vacío que pese a todos los intentos de arrojarle tierra, agua o mil de otras innumerables cosas, permanece siempre vacío; aparentando ser imposible de llenar, aparentando con gran habilidad ser uno de esos agujeros sin fondo.
Pero el hecho es que cuando se tiene un terreno en el cual vivir, es indispensable construir algo, porque algo se necesita para sobrevivir a la intemperie, para sobreponerse a lo que el medio ambiente arroja, para defenderse de todos los posibles ataques de la vida, para incrementar las posibilidades de disfrutarla. Todos los que reciben (recibimos) porciones de mundo con agujeros de vacío voltean alrededor para ver que es lo que están construyendo las demás personas... incluso las demás personas se acercan para enseñar lo que ya han aprendido, construye esto, construye aquello... les dicen: ¡mira que feliz soy con esto que construyo! Pero lo que no comprenden es que esas fabulosas técnicas de construcción son inútiles para las personas que tienen (tenemos) que construir en el vacío: ¡siempre empiezan con cimientos enterrados en la tierra!, ¿cómo construir cimientos enterrados en la tierra si ni siquiera se tiene tierra para empezar?
Muchas veces la presencia de este tipo de agujeros en el terreno básico de construcción lleva a que simplemente no se construya nada, o que sólo se construyan cosas muy básicas para intentar permanecer con vida, a veces sin lograrlo. O se intenta ir a vivir a las construcciones de los otros, dependiendo siempre de lo que los demás puedan hacer en sus terrenos. Peros muchas de las personas del vacío se convierten en buscadores, buscadores de técnicas secretas y olvidadas de construcción; técnicas para construir en el vacío. Y muchas de ellas se convierten en increíbles y excelentes ingenieros capaces de construir en las condiciones más sorprendentes... incluso pueden ayudar a las demás personas, a las que construyen sobre tierra firme, a arreglar prácticamente cualquier problema. Con toda la increíble habilidad que desarrollan tras su búsqueda, las personas que construyen (construimos) en el vacío a veces pueden construir edificios muy parecidos a los que construyen los demás; a veces hasta pueden vivir en ellos e invitar a los demás a ver su gran obra... a veces hasta logran que los demás piensen que sus obras son mucho más grandes, seguras y estables que las de todos los demás.
Y sin embargo son construcciones hechas sobre un agujero y un vacío, nunca pueden soportar el peso que puede soportar hasta la más modesta de las construcciones hechas sobre tierra firme... por eso nunca pueden tener demasiados muebles, y nunca pueden soportar a demasiadas personas adentro; las personas del vacío que logran hacer grandes construcciones siempre tienen que hacer grandes esfuerzos por evitar que se acerquen demasiados visitantes. Porque están construidas en el vacío, y siempre pueden caer destruidas sobre ese agujero... o ser víctima de los monstruos que quizá habiten dentro.


lunes, 9 de mayo de 2011

¿Tu eres lo que manejas?

Hoy fui testigo de dos extremos. Mientras escuchaba una guía de meditación que me instaba a cesar la identificación con mi cuerpo, mis sensaciones, mis emociones y mi pensamiento; veía un anuncio espectacular que me sugería lo contrario: '¡Tu eres lo que manejas!'... identificarme con la marca y las características del auto que poseo y manejo.
Pienso que en esta época es muy fácil identificarse con cosas como el tipo de ropa que se usa, lo que uno estudia, la música que tenemos en el iPod o en la colección de CDs... el coche que traemos o lo que colocamos en el muro de una red social.
¿Que pasaría si decidimos darnos cuenta que no somos lo que manejamos, ni lo que escuchamos, ni lo que leemos, no lo que vestimos o comemos? ¿que no somos nuestro trabajo, nuestros títulos o la pareja que tenemos?... creo que es fácil darnos cuenta que no somos diferentes si cambiamos los rines de nuestro auto, pero: si es obvio que no somos nuestro coche o nuestra ropa... ¿por que habríamos de ser nuestro cuerpo o nuestras emociones?, ¿por que seríamos nuestros pensamientos?... ¿Quien somos?, ¿que queda?

martes, 3 de mayo de 2011

Sobre querer conocer dentro de un túnel

¡La hora del encuentro había llegado! Pero ¿realmente los pasadizos se habían unido y nuestras almas se habían comunicado? ¡Qué estúpida ilusión mía había sido todo esto! No, los pasadizos seguían paralelos como antes, aunque ahora el muro que los separaba fuera como un muro de vidrio y yo pudiese verla a María como una figura silenciosa e intocable... No, ni siquiera ese muro era siempre así: a veces volvía a ser de piedra negra y entonces yo no sabía qué pasaba del otro lado, qué era de ella en esos intervalos anónimos, qué extraños sucesos acontecían; y hasta pensaba que en esos momentos su rostro cambiaba y que una mueca de burla lo deformaba y que quizá había risas cruzadas con otro y que toda la historia de los pasadizos era una ridícula invención o creencia mía y que en todo caso había un solo túnel, oscuro y solitario: el mío, el túnel en que había transcurrido mi infancia, mi juventud, toda mi vida.

(El túnel - Ernesto Sabato)